Madrugada, en la hora más pesada del sueño. Había un paradero en medio de la nada, una carretera solitaria quizá en los linderos de Veracruz puerto. Una mujer de mediana edad, algo gruesa de carnes, atendía el mostrador del comedor (una enramada donde los choferes del autobús llevaban más de media hora tomando alimentos). ¿Qué es aquí?, le preguntó un pasajero rumbo al sanitario. Novara -dijo la mujer. ¡Qué nombre tan extraño! No sé por qué lo asocié a Yanga, me sonaba así de lejano. Es por el buque de vapor que trajo a Maximiliano, el fallido emperador austriaco. Novara está en Italia, creo. ¿A quién se le habrá ocurrido nombrar este lugar así? ¿A ellos, a los que trajeron al emperador?. Para ellos, Maximiliano de México. Para nosotros, Maximiliano de Habsburgo. Para ellos, el Paseo de la Emperatriz. Para nosotros, el Paseo de la Reforma. Y así. Siempre divididos, siempre vulnerables. "Mexicanitos", decía con desprecio, Su Alteza Serenísima, el guerrero inmortal de Zempoala.
¿Qué onda con las dinastías? El Pejelagarto nos quiere dejar a Andrés chico. Yo sigo creyendo que esta es una república, bananera pero república al fin, no una monarquía de cartón.