viernes, 15 de mayo de 2026

dona pina

Este día del maestro voy a referirme a doña Josefina o Alfonsina. ¿A cómo los budines? -preguntó la muchacha preciosa, inolvidable. ¿Qué hacíamos nosotros ahí? Lo he olvidado. Un par de ocasiones entré a la cafetería de La MAG, pero no había nada de mi gusto ahí. Mi lugar favorito era la biblioteca, de menos tenía aire acondicionado y un silencio inapreciable.

La cuidaba la hija. Probablemente doña Pina tenía Alzheimer o problemas de equilibrio. Había que evitar que se cayera o se quemara. Aunque, en realidad, sólo servía las tortas de cochinita. Las famosas tortas de cochinita de Tizimín. Probablemente esa familia vino de Mérida, como tantos otros, por el boom petrolero.  La hija, ya cuarentona, era guapa. Una señora de lentes y ojos claros, la sonrisa congelada en el rostro de pómulos altos. Luego de lo inevitable, cerraron el negocio y tapiaron las dos entradas, la de Quevedo y la de 16 de septiembre. Quizá se fueron de aquí o los que sobreviven  ocupan la planta alta. Ahora hay que caminar hacia Revolución para encontrar un comedor. 

 

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