La
tarde en que muere López-Portillo, Jorge Díaz Serrano, ex director de
PEMEX, le suelta la sopa a Javier Solórzano, quien da la nota así nada
más al aire: el senador por Sonora, acusado de haber firmado el contrato
de compra de dos barcos petroleros a sobreprecio, pasó en la cárcel
casi todo el sexenio de la Renovación Moral, pero él no era el
beneficiario, le dijo el ingeniero al periodista, sino la hermana del
expresidente, Alicia, su secretaria particular de toda la vida. Fin de la llamada. Última llamada.
En su funeral, nadie se quería dejar ver. "Le debo mucho", dijo Miguel de la Madrid. Había sido su discípulo, subalterno y sucesor. Alguien colocó una bandera de México sobre el solitario ataúd. López-Portillo habría obtenido la sentencia de divorcio días después, por lo que Sasha Montenegro logró cobrar la pensión del expresidente. Su hijo Pepe, a decir de la actriz argentina, "se portó como un caballero" y corrió con los gastos funerarios.
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| Mis Tiempos. Parte Segunda. Contraportada. |
El segundo volumen continúa la numeración de la parte primera. En la p. 1231, López-Portillo jugaba al tenis en Los Pinos cuando recibe desde Washington la llamada de Oteyza: los americanos dejaron de prestar y no había dólares para pagar deudas. Es la crisis económica de 1982. Es el domingo 15 de agosto, recuerda el presidente. El político mexicano no le entrega cuentas al soberano, pero termina negociando con las autoridades financieras norteamericanas, "asistidas por la CIA" o juzgados por el Departamento de Justicia de los EEUU. ¿No es más sensato desarrollar al país? Y de paso, dentro del desarrollo político, la transparencia. Pero en su lugar, se comportan como señores feudales. ¿Y los ciudadanos? Simples súbditos. Nos falta mucho. Y, como se ha visto, cada vez se pone peor: La Cuarta Transformación del Crimen Organizado, el MORENArco, reparte dinero pero vive de prestado, por ahora. En lugar de avanzar con el Estado de Derecho, se acabó con el poco que había. Haciendo la revolución desde las instituciones, don Pepe expropia la banca y establece el control de cambios. Los grandes perdedores fueron los ahorradores que tenían cuentas en dólares: la banca estatizada les pagó en pesos. Nunca lo olvidarán. Eran días terribles, los últimos meses del sexenio lopezportillista: no había ni pasta de dientes, pues no había dólares para importar insumos. Todo el boom petrolero se basaba en un tabique: un dólar barato. Se aprovechó para especular. Porque, evidentemente, eso tronaría tarde que temprano, como bien lo apuntaron voces como las de Heberto Castillo o Gabriel Zaid.
Ciertamente, MMH ya no era el candidato para esa medida, pero tendría que administrarla: desde entonces, el negocio más grande de la banca privada es prestarle al gobierno. Durante el sexenio de la Renovación Moral, la deuda interna superó a la externa. Aunque se les regresaron acciones a los banqueros, no se revirtió la expropiación y los privados dejaron de invertir: creció la especulación en bolsa, la cual quebró en 1987.
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José López-Portillo y Pacheco, Mis Tiempos (segundo tomo). Fernández Editores. Coyoacán, Benito Juárez, Ciudad de México. Primera publicación: 1988. 620 pp.
NOTA Los dos partes de Mis Tiempos tienen la misma portada: una fotografía con los labios apretados del expresidente rumbo a la vejez, pero enchamarrado de negro y con un suéter cuello de tortuga blanco, en un fondo oscuro apenas iluminado, como en los separos de la policía: el expresidente da la cara. He tomado la imagen de la contraportada con el teléfono móvil y no se lee bien el texto, algo borroso, por lo que al enderezar la fotografía vía Nanobanana 2, el fondo ha quedado en blanco y el texto en negro. Pero, ciertamente, ambos volúmenes traen el fondo en negro, negro como el petróleo. Que conste.